Sacrosanctum Concilium: Artículo 59

By Michael Joncas, post originally appeared October 7, 2013; en español, August 16, 2026

[Este artículo forma parte de una serie que se extenderá durante todo un año y que revisa el Sacrosanctum Concilium. Coincidiendo con los 100 años de renovación litúrgica en Estados Unidos, respondemos a la invitación del Papa León XIV a releer los documentos del Concilio Vaticano II con una perspectiva renovada. 

This is part of a year-long series re-examining Sacrosanctum Concilium.  Coinciding with 100 years of liturgical renewal in the United States, we are responding to Pope Leo’s invitation to reread the documents of Vatican II with ‘fresh eyes.’ Find the commentary in English here.]

Texto en latín

Caput III: DE CETERIS SACRAMENTIS ET DE SACRAMENTALIBUS
59. Sacramenta ordinantur ad sanctificationem hominum, ad aedificationem Corporis Christi, ad cultum denique Deo reddendum; ut signa vero etiam ad instructionem pertinent. Fidem non solum supponunt, sed verbis et rebus etiam alunt, roborant, exprimunt; quare fidei sacramenta dicuntur. Gratiam quidem conferunt, sed eorum celebratio fideles optime etiam disponit ad eandem gratiam fructuose recipiendam, ad Deum rite colendum et ad caritatem exercendam.
Maxime proinde interest ut fideles signa Sacramentorum facile intellegant et ea Sacramenta impensissime frequentent, quae ad vitam christianam alendam sunt instituta.

Traducción al español de la página oficial del Vaticano:

CAPÍTULO III 

LOS DEMÁS SACRAMENTOS
Y LOS SACRAMENTALES 

Sacramentos

59. Los sacramentos están ordenados a la santificación de los hombres, a la edificación del Cuerpo de Cristo y, en definitiva, a dar culto a Dios; pero, en cuanto signos, también tienen un fin pedagógico. No sólo suponen la fe, sino que, a la vez, la alimentan, la robustecen y la expresan por medio de palabras y de cosas; por esto se llaman sacramentos de la “fe”. Confieren ciertamente la gracia, pero también su celebración prepara perfectamente a los fieles para recibir fructuosamente la misma gracia, rendir el culto a Dios y practicar la caridad.

Por consiguiente, es de suma importancia que los fieles comprendan fácilmente los signos sacramentales y reciban con la mayor frecuencia posible aquellos sacramentos que han sido instituidos para alimentar la vida cristiana.

Cuando los Padres Conciliares dirigen su atención a la reforma de la celebración litúrgica de los sacramentos y de los sacramentales en el Capítulo III, siguen el esquema que hemos observado en capítulos anteriores, comenzando con un preámbulo teológico y continuando con decretos particulares. En este caso, el preámbulo teológico se encuentra en los artículos 59-62, mientras que los decretos prácticos aparecen en los artículos 63-82.

El artículo 59 aborda de manera sucinta los sacramentos en general. Estas afirmaciones se aplican también a la Eucaristía, la cual ha sido tratada en el Capítulo II. El artículo en su totalidad puede interpretarse como un intento de desarrollar el axioma según el cual los sacramentos confieren la gracia mediante su significación. El propósito último de los sacramentos reside en el orden de la gracia: dar adoración adecuada a Dios transformando a los seres humanos en santidad, introduciéndolos en la vida de la Iglesia y sosteniéndolos en ella. No obstante, este propósito último —si bien escapa a una plena aprehensión en este mundo de espacio y tiempo— es significado por medio de signos y sistemas de signos apropiados para conferir la gracia propia de cada sacramento; estos signos y sistemas de signos ejercen un impacto cognitivo y emocional sobre los seres humanos que celebran litúrgicamente los sacramentos.

El artículo reconoce la dialéctica subyacente a toda comprensión de la relación entre la celebración sacramental y la fe cristiana. Por un lado, sin una fe cristiana al menos rudimentaria, quienes se involucran en las palabras y los gestos del culto sacramental litúrgico no percibirán las realidades espirituales encarnadas y señaladas por dichos signos sacramentales. Por otro lado, el acto mismo de involucrarse en las palabras y los gestos del culto sacramental litúrgico actualiza, en cierto grado, la fe incipiente de quienes participan en él. Así pues, si bien los sacramentos confieren la gracia ex opere operato, su debida celebración litúrgica dispone a los fieles a remover cualquier obstáculo (obex) que pudiera interponerse en la recepción fructuosa de la gracia sacramental conferida por el sacramento —esa gracia santificante que capacita a los fieles para adorar a Dios—, así como de la gracia actual necesaria para la vida cristiana, nutrida por los sacramentos.

Finalmente, los Padres Conciliares señalan dos condiciones deseables (desiderata) para que la celebración litúrgica de los sacramentos produzca los efectos descritos anteriormente. En primer lugar, los signos empleados en la celebración sacramental deben ser comprensibles para aquellos que participan en dichas liturgias sacramentales; estos signos y sistemas de signos incluyen —aunque no se limitan a ellos— a las personas que ofician, al lenguaje, a la música, a las posturas, a los gestos, a los objetos, a los colores, al tiempo, a la arquitectura y al silencio. En segundo lugar, los fieles deben participar regularmente en las liturgias sacramentales, pues sin una participación plena, consciente y activa en los sacramentos —frecuentados de manera habitual—, sus efectos en la vida de gracia y en el desarrollo intelectual y emocional de los fieles se verían limitados.

Los lectores de Pray Tell tal vez deseen debatir cuán eficazmente se han transmitido a los fieles, en los últimos años, estas concepciones de la teología sacramental; si la teología sacramental aquí expuesta ha sido —o no— enriquecida, rechazada o superada por desarrollos teológicos posteriores; qué nivel mínimo de fe se requiere para una participación fructuosa en la celebración litúrgica de un sacramento; cuáles son los criterios para determinar la facilidad con la que los fieles pueden comprender los signos sacramentales y sus sistemas de signos; y qué implicaciones tiene la disminución de la asistencia a las celebraciones litúrgicas para la vivencia profunda de la vida sacramental.

Michael Joncas, ordenado sacerdote en 1980 en la Arquidiócesis de St. Paul-Minneapolis, Minnesota, el Padre (Jan) Michael Joncas es licenciado en Filología Inglesa por el (entonces) College of St. Thomas en St. Paul, Minnesota, y en Estudios Litúrgicos por la Universidad de Notre Dame, Indiana, y el Pontificio Instituto Litúrgico del Ateneo S. Anselmo en Roma. Ha ejercido como vicario parroquial, capellán universitario y administrador parroquial (párroco). Es autor de seis libros y más de doscientos cincuenta artículos y reseñas en revistas como Worship, Ecclesia Orans y Questions Liturgiques. Ha compuesto y arreglado más de 300 piezas de música litúrgica. Se jubiló como profesor de los departamentos de Teología y Estudios Católicos, y como Artista Residente e Investigador en Estudios Católicos en la Universidad de St. Thomas, St. Paul, Minnesota.

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