By Michael Joncas, post originally appeared September 1, 2013; en español, August 2, 2026
[Este artículo forma parte de una serie que se extenderá durante todo un año y que revisa el Sacrosanctum Concilium. Coincidiendo con los 100 años de renovación litúrgica en Estados Unidos, respondemos a la invitación del Papa León XIV a releer los documentos del Concilio Vaticano II con una perspectiva renovada.
This is part of a year-long series re-examining Sacrosanctum Concilium. Coinciding with 100 years of liturgical renewal in the United States, we are responding to Pope Leo’s invitation to reread the documents of Vatican II with ‘fresh eyes.’ Find the commentary in English here.]
Texto en latín
55. Valde commendatur illa perfectior Missae participatio qua fideles post Communionem sacerdotis ex eodem Sacrificio Corpus Dominicum sumunt.
Communio sub utraque specie, firmis principiis dogmaticis a Concilio Tridentino statutis (40), in casibus ab Apostolica Sede definiendis, tum clericis et religiosis, tum laicis concedi potest, de iudicio Episcoporum, veluti ordinatis in Missa sacrae suae ordinationis, professis in Missa religiosae suae professionis, neophytis in Missa quae Baptismum subsequitur.
(40) Sess. XXI, Doctrina de Communione sub utraque specie et parvulorum, capp. 1-3, cann. 1-3: CONCILIUM TRIDENTINUM, ed. cit., t. VIII, pp. 698-699.
Traducción al español de la página oficial del Vaticano:
Comunión bajo ambas especies
55. Se recomienda especialmente la participación más perfecta en la misa, la cual consiste en que los fieles, después de la comunión del sacerdote, reciban del mismo sacrificio el Cuerpo del Señor. Manteniendo firmes los principios dogmáticos declarados por el Concilio de Trento, la comunión bajo ambas especies puede concederse en los casos que la Sede Apostólica determine, tanto a los clérigos y religiosos como a los laicos, a juicio de los Obispos, como, por ejemplo, a los ordenados, en la Misa de su sagrada ordenación; a los profesos, en la Misa de su profesión religiosa; a los neófitos, en la Misa que sigue al bautismo.
En el artículo 55 se abordan dos cuestiones relativas a la recepción de la sagrada comunión en la liturgia eucarística.
En primer lugar, sin prohibir la práctica por la cual la sagrada comunión podía distribuirse a los fieles en cualquier momento durante la Misa (con la excepción de la consagración), los Padres Conciliares expresan su preferencia de que la comunión de los fieles esté vinculada con la comunión del sacerdote en la misma misa. Esta es una de las reformas conciliares más exitosas, en la medida en que la práctica actual, casi universal, consiste en que tanto el sacerdote como el pueblo reciban la sagrada comunión durante los ritos de comunión prescritos en la forma reformada de la celebración eucarística. Esto, ciertamente, concuerda con el principio articulado anteriormente de que se haga más claro el significado de las partes individuales de la liturgia y sus interrelaciones. Resultaría difícil comprender de qué modo la recepción de la sagrada comunión por parte de los fieles durante la Misa de los Catecúmenos (Ritos iniciales y Liturgia de la Palabra) o durante los Ritos de despedida expresa el significado fundamental de estas secciones del rito. Calificar esta forma de participación litúrgica como “más perfecta” (perfectior) plantea algunos interrogantes conceptuales, pero probablemente remite a distinciones anteriores entre la participación “interior”, “exterior” y “sacramental” en la liturgia.
Una extensión de este principio aparecerá en la “Instrucción General del Misal Romano”, donde se insta a los fieles a comulgar, siempre que sea posible, con elementos consagrados en la misma misa a la que asisten, en lugar de hacerlo con hostias previamente consagradas y reservadas en el sagrario.
En segundo lugar, los Padres Conciliares extienden la recepción de la sagrada comunión bajo ambas formas —pan consagrado y vino consagrado— a los clérigos, a los religiosos y a los fieles laicos. Contrariamente a la creencia popular, el Concilio de Trento no había prohibido la comunión bajo ambas especies a los laicos como un principio doctrinal, sino simplemente como un juicio prudencial; y los Padres del Concilio Vaticano II expresan aquí su propio juicio prudencial, señalando que han surgido situaciones que harían apropiada —si no preferible— la recepción bajo ambas formas. Los tres ejemplos en los que se permitiría la comunión bajo ambas especies deben interpretarse como un mínimo sobre el cual la mayoría de los Padres pudo llegar a un acuerdo, y no como una lista definitiva y exhaustiva de las únicas situaciones en las que la comunión bajo ambas formas resultaría apropiada.
Sabiamente, la decisión sobre la implementación de la comunión bajo ambas formas se deja a discreción de las Conferencias Episcopales, en colaboración con la Sede Apostólica.
Los lectores de Pray Tell tal vez deseen debatir cómo se han implementado las prescripciones del artículo 55 en sus comunidades a lo largo de los años, qué hemos aprendido de dicha implementación y qué reformas adicionales podrían resultar apropiadas.
Michael Joncas, ordenado sacerdote en 1980 en la Arquidiócesis de St. Paul-Minneapolis, Minnesota, el Padre (Jan) Michael Joncas es licenciado en Filología Inglesa por el (entonces) College of St. Thomas en St. Paul, Minnesota, y en Estudios Litúrgicos por la Universidad de Notre Dame, Indiana, y el Pontificio Instituto Litúrgico del Ateneo S. Anselmo en Roma. Ha ejercido como vicario parroquial, capellán universitario y administrador parroquial (párroco). Es autor de seis libros y más de doscientos cincuenta artículos y reseñas en revistas como Worship, Ecclesia Orans y Questions Liturgiques. Ha compuesto y arreglado más de 300 piezas de música litúrgica. Se jubiló como profesor de los departamentos de Teología y Estudios Católicos, y como Artista Residente e Investigador en Estudios Católicos en la Universidad de St. Thomas, St. Paul, Minnesota.

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