By Michael Joncas, post originally appeared October 26, 2012; en español, February 24, 2026
[Este artículo forma parte de una serie que se extenderá durante todo un año y que revisa el Sacrosanctum Concilium. Coincidiendo con los 100 años de renovación litúrgica en Estados Unidos, respondemos a la invitación del Papa León XIV a releer los documentos del Concilio Vaticano II con una perspectiva renovada.
This is part of a year-long series re-examining Sacrosanctum Concilium. Coinciding with 100 years of liturgical renewal in the United States, we are responding to Pope Leo’s invitation to reread the documents of Vatican II with ‘fresh eyes.’ Find the commentary in English here.]
Texto en latín
10. Attamen Liturgia est culmen ad quod actio Ecclesiae tendit et simul fons unde omnis eius virtus emanat. Nam labores apostolici ad id ordinantur ut omnes, per fidem et Baptismum filii Dei facti, in unum conveniant, in medio Ecclesiae Deum laudent, Sacrificium participent et cenam dominicam manducent.
Vicissim, ipsa Liturgia impellit fideles ut “sacramentis paschalibus” satiati fiant “pietate concordes” (26); orat ut “vivendo teneant quod fide perceperunt” (27); renovatio vero foederis Domini cum hominibus in Eucharistia fideles in urgentem caritatem Christi trahit et accendit. Ex Liturgia ergo, praecipue ex Eucharistia, ut e fonte, gratia in nos derivatur et maxima cum efficacia obtinetur illa in Christo hominum sanctificatio et Dei glorificatio, ad quam, uti ad finem, omnia alia Ecclesiae opera contendunt.
Traducción al español de la página oficial del Vaticano:
Liturgia, cumbre y fuente de la vida eclesial
10. No obstante, la Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza. Pues los trabajos apostólicos se ordenan a que, una vez hechos hijos de Dios por la fe y el bautismo, todos se reúnan para alabar a Dios en medio de la Iglesia, participen en el sacrificio y coman la cena del Señor. Por su parte, la Liturgia misma impulsa a los fieles a que, saciados “con los sacramentos pascuales”, sean “concordes en la piedad”; ruega a Dios que “conserven en su vida lo que recibieron en la fe”, y la renovación de la Alianza del Señor con los hombres en la Eucaristía enciende y arrastra a los fieles a la apremiante caridad de Cristo. Por tanto, de la Liturgia, sobre todo de la Eucaristía, mana hacia nosotros la gracia como de su fuente y se obtiene con la máxima eficacia aquella santificación de los hombres en Cristo y aquella glorificación de Dios, a la cual las demás obras de la Iglesia tienden como a su fin.
La liturgia es la “cumbre” en la medida en que las demás acciones eclesiales están ordenadas a ella, como se insinuó en el artículo 9. El propósito de la predicación de la fe y la conversión de los no creyentes es que entren en la comunidad de los fieles mediante la fe y el Bautismo; la pertenencia a la Iglesia, a su vez, está orientada a alabar a Dios de forma eclesial (lo que puede ser una referencia a la Liturgia de las Horas y a la liturgia de los sacramentos y sacramentales distintos de la Eucaristía) y a celebrar la Eucaristía (utilizando las categorías de la Instrucción de 1958, con participación externa, interna y sacramental).
La liturgia es la “fuente” en la medida en que es genuinamente sacramental, es decir, un sistema de signos que causa eficazmente lo que significa. El culto litúrgico tiene consecuencias espirituales; como escribe J. D. Crichton: “El mensaje es claro: el culto litúrgico que no se traduce en vida y acción es vano e incurre en las críticas de Cristo a los fariseos…”. Una fórmula modificada de la encíclica Tra le sollecitudini de Pío X, en la que la liturgia se describe como (simultáneamente) la glorificación de Dios y la santificación (y edificación) de los fieles, aparece implícita en la última frase del artículo, reforzando la noción de que toda la actividad de la Iglesia deriva de la declaración / manifestación / celebración de la gloria de Dios y está ordenada a ella, así como a la recepción / ejemplificación / testimonio de la transformación humana en santidad.
Si bien los comentaristas son libres de abordar el tema desde la perspectiva que deseen, podría ser útil considerar si y cómo se ha comunicado esta enseñanza, en qué medida una espiritualidad genuinamente litúrgica anima a nuestras congregaciones y qué modificaciones de esta enseñanza (si las hubiera) podríamos proponer a la luz de más de cincuenta años de experiencia.
Michael Joncas Ordenado sacerdote en 1980 en la Arquidiócesis de St. Paul-Minneapolis, Minnesota, el Padre (Jan) Michael Joncas es licenciado en Filología Inglesa por el (entonces) College of St. Thomas en St. Paul, Minnesota, y en Estudios Litúrgicos por la Universidad de Notre Dame, Indiana, y el Pontificio Instituto Litúrgico del Ateneo S. Anselmo en Roma. Ha ejercido como vicario parroquial, capellán universitario y administrador parroquial (párroco). Es autor de seis libros y más de doscientos cincuenta artículos y reseñas en revistas como Worship, Ecclesia Orans y Questions Liturgiques. Ha compuesto y arreglado más de 300 piezas de música litúrgica. Se jubiló como profesor de los departamentos de Teología y Estudios Católicos, y como Artista Residente e Investigador en Estudios Católicos en la Universidad de St. Thomas, St. Paul, Minnesota.

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